Las 32 sonatas conforman el ciclo más extenso, complejo y difícil de toda la historia del pianismo universal. En ellas se manifiesta la personalidad revolucionaria y de transición de Beethoven, y el compositor se sitúa como el más destacado de la forma sonata del periodo comprendido entre clasicismo y romanticismo.
Presentan nuevas sonoridades, audaces experimentos, queda encerrado el mundo interior del compositor, y también el recién llegado lenguaje expresivo de la revolución romántica. En la temprana Patética, en la tempestuosa Appassionata, en la brusca y laberíntica Hammerklavier, en las definitivas sonatas opus 110 y 111, se va llegando a las fronteras de la exposición pianística, que serán alcanzadas en el opus 120. El inadecuado entrenamiento que tuvo Beethoven en sus primeros años de estudios musicales, se refleja en las tres sonatas para piano escritas en 1783. El piano súbito, los repentinos arranques, las figuras de arpegios (ejecutadas a altas velocidades en varias octavas de forma ascendente o descendente) conocidas como los ''cohetes de Manheim'', son características de la personalidad musical y sentimental de Beethoven.